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¿Qué pasa? Semanario independiente

año 10, número 494 · Madrid, 16 junio 1973 · 20 páginas

 

El Almirante Carrero Blanco, jefe del gobierno

Como cuando hace tres décadas y media, en su Cuartel General de Salamanca, el Genalisimo Franco montaba y daba las batallas de la Reconquista, ahora, desde su Solio de El Pardo, acaba de montar e iniciar otra batalla: la de la continuidad de su Reino, esto es, del Reino de España que fundara como Generalísimo de sus Ejércitos y como Caudillo de la nación en la guerra feroz y victoriosa y en la paz sacrificada y fecunda. pero no exenta de infiltraciones nocivas, de amenazas y maniobras taimadas, de sutiles y constantes hostigamientos.

No es cosa, hoy, de poner la mirada en el pasado. Sin esfuerzo, lo contemplamos los españoles en nuestra propia vida y en el ser y el andar de nuestra Patria por todos los caminos de dentro y de fuera. No es al pretérito, dichosamente aprovechado, al que debemos dedicar veneración y culto; es al futuro, a su previsión de dominio y de conquista, al que tenemos el sagrado deber de encaminarnos con resuelto paso c inquebrantable, inclaudicable propósito de confirmar, de consolidar, tanto en las Leyes Fundamentales, cuanto en lo más profundo de la conciencia popular, esta Monarquía Tradicional, Católica, Social y Representativa, contra la que no han cesado de merodear y tantear sus técnicas de asalto, no pocos caballeros de la andante piratería internacional. Han abundado, recientemente, los síntomas internos de que los Estados Mayores del ataque o ataques proyectados, comenzaban a desplegar sus planes exploratorios... Oleadas persistentes de rumores apestosos... Calculados asesinatos viles que, con ¡a vida que inmolaban, herían gravemente el corazón del «sistema» y arrasaban la moral, la fortaleza y la fe en personas, corporaciones y masas.. Versiones inventadas y calumniosas puestas en profusa circulación para sembrar el desaliento, la desorientación y el desvio en la opinión pública, demasiado acostumbrada a descansar en la seguridad y el orden, en la estabilidad y fortaleza de los Poderes Públicos . Evidentemente, las fuerzas del «Pacto para la libertad» se frotaban las manos de gusto. Iniciaban su avance con más peligrosidad que nunca. Antes, estas fuerzas, como históricamente es sabido, no tenían cura. Pero ahora, no sólo tienen cura. Tienen hasta obispos.

Pues bien, Franco, el Generalísimo y Caudillo de España, ha considerado llegada la hora, frente a las engreídas y abigarradas fuerzas del «Pacto para la libertad», de darles la batalla del futuro. No una batalla para la libertad de España y de los españoles, que vienen disfrutándola en si y por el ancho mundo desde hace más de treinta años. La batalla que se dispone a dar el Caudillo es «Para el aseguramiento de la Continuidad del Régimen» que los del Pacto aspiran a derribar al socaire de cierta esperada coyuntura.

Queda atrás el pasado glorioso, el de la Guerra y la Paz del 18 de julio, el de la Reconquista de España. Todas aquellas batallas se ganaron. Pero queda por dar la batalla del futuro: Ja de la continuidad, la de la consolidación, con Dios, con la Libertad, con el Derecho y con la Justicia, de todos los tesoros constituciones, humanos, políticos, sociales y religiosos, de la Reconquista. A estos fines, el Caudillo Franco ha delegado en el Almirante don Luis Carrero Blanco sus funciones de Jefe del Gobierno, de Presidente del Consejo de Ministros. Esta altísima delegación en el Almirante y gobernante insigne, de parte de Franco, patentiza, una vez más, en la acción del Caudillo, su característica genial de estratega. Estamos por decir que la designación de don Luis Carrero Blanco «para dirigir la política general y asegurar la coordinación de todos tos órganos de Gobierno y Administración» habrá turbado y perturbado la mayoría de los dispositivos «coyunturales» de los conjurados... Apremios de tiempo —ya cerrado este número— nos impide un más amplio comentario al trascendente suceso operado el sábado día 9 en la Política Nacional, con mayúsculas. Como serán mayúsculas las desazones que les esperan, no a los españoles de la ideología que sean —que para todos es el Régimen—, sino a los traidores, a los transfugas y a los «tontos útiles», seglares y clérigos, del «Pacto para la Libertad». Pero ¿de qué Libertad? De la esclavista de los hombres y descuartizadora de esta España UNA, LIBRE Y PRÓSPERA.

 
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