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¿Qué pasa? Semanario independiente

año 10, número 491 · Madrid, 26 mayo 1973 · 20 páginas

 

El destino de los tontos útiles

Por Froilán de Lugo

Cuando a los pocos días del comienzo de nuestra Cruzada Nacional rindieron las fuerzas del Ejército el Ayuntamiento de una ciudad, que no hace al caso, había encima de la mesa del alcalde socialista una gran cantidad de documentos con las consignas, muy precisas, dadas por la Casa del Pueblo de Madrid, con vistas a la revolución que ellos preparaban para el primero de agosto de aquel 1936.

Sólo vamos a comentar uno de aquellos papeles, que se refería al trato que, cuando hubiesen triunfado, había de darse a los militares profesionales, a los que clasificaba en tres grupos: contrarios, neutrales y adictos. No extraña que para los contrarios dispusiera la eliminación fulminante; para los neutros, la consigna era de atraerlos y cuidarlos, ya que éstos serían más tarde los adictos seguros.

En cuanto a los adictos, disponía que se les mimase, de momento, porque eran necesarios, pero que una vez que se hubiese afianzado su revolución, se les eliminase, porque (textualmente) «el que comete una traición está dispuesto a cometer otra». No nos sorprende, porque éste es el destino de los que ya son llamados por doquier los tontos útiles. Tampoco es nuevo, puesto que el viejo romance castellano ya decía hace siglos:

No es menester el traidor
cuando es la traición pasada».

Que vayan aprendiendo, pues, los tontos útiles de por aquí, que si aquello lo disponía entonces para los militares, hay muchos civiles y eclesiásticos que piensan que bailando el agua al enemigo, por si acaso, serán bien tratados por el enemigo triunfante.

De su traición a la Patria ya se encargarán los eliminadores, y de la que hagan a Dios..., ya llegará también y a su tiempo la eliminación correspondiente, que tampoco podemos olvidar aquello muy antiguo:

«No hay plazo que no se cumpla
ni deuda que no se pague.»

 
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