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¿Qué pasa? Semanario independiente

año 10, número 471 · Madrid, 6 enero 1973 · 20 páginas

 

La buena y la mala paga

Por Manuel Pedrosa

Aludía el diario «Ya» del martes 12 de diciembre pasado al destacado relieve tipográfico que algunos periódicos habían dado a unas frases del discurso que el señor Carrero Blanco pornunció ante el consejo de Ministros el 7 del mismo mes, en las cuales hacía mención de la ayuda material que el Estado español ha venido prestando a la Iglesia en los últimos años, y que representa una media anual de diez mil millones de pesetas.

A cambio de esa ayuda, de esa «paga», dice «ya» que también la Iglesia, a su vez, ha venido «pagando» a la sociedad española lo que ésta espiritualmente requiere y necesita. Hasta cierto punto, decimos nosotros. Hasta cierto punto, porque si bien es indudable que muchos santos obispos y sacerdotes han «pagado» al pueblo lo que deben (y se lo seguirán pagando, de ello estamos segurísimos), al mismo tiempo hay que considerar la «mala paga» que ciertos clérigos dan a los fieles españoles, desdificándolos y escandalizándolos con su conducta. Nosotros consideramos procedente y justo que el Estado preste su ayuda moral y económica a la Iglesia de dios, considerara como Institución divina y encargada de predicarnos el Evangelio; pero, ¡qué lejos se hallan de ese objeto algunos de sus miembros, a veces cualificados y jerarquizados! ¡En qué mal lugar dejan a la Iglesia esos prelados y esos sacerdotes contagiados del virtus progresista, que llevan adelante una labor demoledora y antievangélica y que, por tanto, «no pagan» a los fieles españoles lo que en justicia debe pagarles: una existencia espiritual auténtica, un adoctrinamiento plenamente ortodoxo y un testimonio permanente de ejemplaridad y buena compostura!

El Estado español siempre pagó a la Iglesia en buena moneda de curso legal, como es justo. Por el contrario, ¿en qué clase de moneda «pagan» a los fieles y a la sociedad española los clérigos contestatarios, mesiánicos y progresistas? ¡Ni siquiera, en muchos casos, con la buena moneda caritativa de encomendar a Dios a los gobernantes en la santa misa, mediante la recitación de la colecta «Et fámulos», que muchos, sistemáticamente, omiten a conciencia!

Bien haría «Ya» en reconocer con humildad estos fallos del elemento humano de la Iglesia, cuyos hechos desdificantes a la vista de todos están. Creeríamos entonces mejor en la buena intención de sus palabras, ya que no todo, señores de la santa casa, ha de ser caramelos, vaselina y rica miel. Si en el hecho de la ayuda material de la Iglesia por parte del Estado español hay mala correspondencia por parte de algunos cléricos que cobran del Régimen siendo sus enemigos, y ello constituye una amrga gota de hiel o tal vez un torrente de esa misma materia, justo sería que «Ya» lo reconociera, realista y humildemente. «La Iglesia española —dice el diario de la santa casa— ha pagado y pagará a la Patria lo que le debe, aunque no haya prensa que se lo reclame...» Que así sea en el futuro; que no lo haga con moneda falsa y a veces hasta subersiva, como lo hacen algunos de sus miembros... Ojalá que todos los clérigos españoles pagasen a la sociedad española «lo que le deben», pero en buena moneda de curso... lela. Esto, aparte de que el pueblo español y este Reino fundado por Franco reconozcan que nunca habrán pagado cumplidamente lo que le deben y seguirán debiendo a la Iglesia católica, a la única verdadera, no a esa de las subversiones conjuntas, desacralizadoras y libertarias.

 
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