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¿Qué pasa? Semanario independiente

año 9, número 428 · Madrid, 11 marzo 1972 · 20 páginas

 

Apostua enmascara el imperialismo del Mercado Común

Por Manuel de Santa Cruz

En el diario «Ya» de 20 de febrero pasado, su comentarista habitual don Luis Apostua se interesaba por «Los enemigos del Mercado Común». Comentaba un editorial de «Nuevo diario», que sitúa entre los enemigos de la idea europea a los izquierdistas, o superizquierdistas, y replica que no es así. Escribe Apostua: «Una izquierda española, una hipotética izquierda española, ¿es enemiga del Mercado Común? ¿No es más cierto que la hostilidad a la idea europea surge en nuestro país desde las posiciones de la ultraderecha?».

Creemos que en esto Apostua ve claro y tiene tanta razón que es como para irritarse contra «Nuevo Diario». La discrepancia con su articulo, que queremos destacar en estas lineas, se refiere a otros dos puntos, uno de ellos peligrosísimo, además de falso.

Dice luego Apostua, parece que refiriéndose como desde el principio al editorial de «Nuevo Diario»: «No viene a cuento, por tanto, erigir el fantasma de una izquierda roja como enemiga del Mercado Común para enmascarar una ultraderecha española que experimenta la misma animadversión». Yo no he leído el editorial de «Nuevo Diario». Pero, independientemente de lo que en él se diga, hay en esta afirmación de Apostua un grave error cuya amplitud desborda y ampliamente rebasa la cuestión. Y es que eso que él llama la ultraderecha busque un enmascaramiento; ni lo ha buscado nunca, ni lo busca ahora, ni lo buscará. No tiene pelos en la lengua para decir lo que cree que es su deber decir. El enmascaramiento va contra su estilo, su manera de ser y su historia. Si Apostua se dedicara a definir a esa ultraderecha que adivinamos pronto llegaría al convencimiento de que no podía prescindir de citar entre sus características precisamente el horror al enmascaramiento, en tal grado que ha llegado a convertirse en incapacidad para él mismo.

El otro error de Apostua, el verdaderamente peligroso, el que nos ha movido a escribir estas lineas, dice asi: «De la misma manera que nosotros hemos nombrado al duque de Alba presidente del Instituto de España y no gobernador de Flandes, el presidente Pompidou no enviará al general Massu para que nos invada; todo lo más lo enriaría para estrechar lazos, imponer unas condecoraciones y tomar unas amistosas copas. Está fuera de la realidad objetiva de nuestros dias pensar en un nacionalismo de conquista e igualmente pensar en un nacionalismo de defensa».

Este párrafo si que es verdaderamente enmascarados Con él, voluntaria o inconscientemente (dejamos este punto de su fuero interno a su confesor), Apostua enmascara, «camufla» a los tanques del imperialismo europeista que están avanzando sobre y contra España. Esa teoría de que aquí no va a pasar nada es, aqui y ahora, el auténtico opio del pueblo español. No se lo explicaré a Apostua con razones mías, sino con noticias leídas en su propio diario «Ya» (3-11-72), en la primera de varias Cartas al Director, de Augusto Assia, sobre el alcance político del Mercado Común. La tesis de este último escritor es precisamente la contraria de la de Apostua, a saber: que se nos echa encima un nuevo imperialismo político. Tan convencido de ella está Assia, tan alarmado, que no quiere quitar nitidez a su anuncio con calificativos; no quiere meterse a enjuiciar los hechos; se limita a presentarlos objetivamente.

En el número de 19-II-72 de ¿QUÉ PASA? repetí la alarma de Assía con motivo de la aceptación por la Cámara de los Comunes británica de las normas del Consejo de Bruseñas rector del Mercado Común. como desde el principio decía Assía, y es obvio, lo de Inglaterra puede y debe trasladarse íntegramente al estudio de la situación española. De las noticias de Assía, que allí ordenaba, espigaré ahora algunas para Apostua:

«El derecho de la Comunidad Europea prevalece sobre el derecho nacional (usa la palabra nativo) existente, y de acuerdo con este principio ha de ser explicado, administrado y seguido.»

«Un ministro o un secretario de Estado puede traer al Consejo de Ministros de Su Majestad un decreto originado en el Consejo de Ministros de Bruselas, correspondiente al Departamento del mencionado ministro o secretario, y este decreto tiene que ser forzosamente aceptado por el Gobierno del Reino Unido.»

«Cuando haya colisión con el derecho británico existente, además de prevalecer el del Mercado Común sobre el británico, para el futuro, cualquier decreto del Consejo de Ministros de Bruselas habrá de ser aceptado por el Gobierno del Reino Unido, sin que la Cámara de los Comunes pueda discutirlo antes ni modificarlo después.»

«Sin la aprobación previa de Bruselas, el Gobierno británico no puede promulgar decretos con efecto retrospectivo, no puede aumentar los impuestos, dictar otros nuevos o crear nuevas figuras de delito.»

Por supuesto, todas estas usurpaciones de soberanía que se refieren en la letra del texto que seguimos a la Gran Bretaña se hacen a todos los países asociados. Como se ve, es algo más que «estrechar lazos, imponer unas condecoraciones y tomar unas amistosas copas». Y contrariamente a lo que dice Apostua, obliga a pensar que están muy dentro de «la realidad objetiva de nuestros días (...) un nacionalismo de conquista y un nacionalismo de defensa». ¿A quién pretende enmascarar Apostua? El contraste entre su aparente despreocupación y el grito de alarma de Assia, a quien el corazón se le va con los castizos españoles, es un contraste demasiado vivo para un periódico serio.

Señor directo del «Ya»: Díganos, por favor, a cuál de sus dos comentaristas políticos tenemos que creer en asunto tan grave.

 
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