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¿Qué pasa? Semanario independiente

año 9, número 421 · Madrid, 22 enero 1972 · 20 páginas

 

¿Qué se entiende por unidad?

Por Liberio

Por unidad entre los cristianos, nos referimos. Tema éste que desde hace bastantes años, en el mes de enero, pasa a cobrar actualidad con motivo del Octavario por la unión de las iglesias. Hasta ahora, esa unidad la habíamos considerado bajo Pedro, siervo de los siervos del Señor, apacentador de los corderos y las ovejas, Maestro infalible en algunos casos, Guia conveniente en todos. Y tal unidad debería llevar consigo la creencia en los dogmas que confiesa la Santa Iglesia Católica, Apostólica, Romana.

Para el Papa que mira con cierto optimismo la tarea ecumenista, ésta se presenta como tarea difícil, lenta y gradual, e incluso se pregunta cómo podría alcanzarse la unidad sin poseer una misma fe y un mismo y válido sacerdocio.

En un editorial de «L'Osservatores Romano» se escribe: «La Iglesia Católica, comprometida en renovarse según las directices del Vaticano II, va realizando un nuevo modo de ser, de pensar y obrar, que la acercan cada vez más a la tipología de las otras iglesias.» Y basándose en esto, vemos a algún periódico confesional indicar en sus titulares con optimismo: «La unidad de las iglesias cirstianas, cada vez más cerca.» Esto nos presenta a los no teólogos, sino simples miembros del Pueblo de dios, el interrogante indicado al principio: ¿Qué se entiende por unidad? ¿Es cierto que se ha avanzado algo en lo fundamental?

Naturalmente, que en lo que con muy buena voluntad podría considerarse accesorio aparecen señales de un mayor acercamiento de los católicos hacia los separados. Gran parte de nuestras iglesias han desterrado todo acto de culto que no sea la «celebración Eucaristica» (ex Misa). Nuestros templos, desterrando imágenes y otras cosas, ya empiezan a tener la frialdad de los templos luteranos y similares. Sabemos de cierto pastor de una de estas sectas que en una de sus reuniones hacía notar precisamente este último aspecto, en el que, por fin, los católicos empezábamos a parecemos a ellos.

Pero ¿y en lo fundamental? Bueno sería conocer las metas que son necesarias para proclamar que se ha conseguido la unidad entre los cristianos y con todos aquellos separados que de alguna forma admiten a Cristo. Quienes ven tan próximo este objetivo, ¿con qué fases de algunas de las que enumeramos considerarían que ya se había conseguido?
a) Cuando los contactos con otras confesiones consigan unidad de acción para promocionar a los países subdesarrollados, para defender la dignidad del hombre y para conseguir la paz mundial. Esto, no obstante, manteniéndose cada una en sus actuales creencias e imperando siempre la caridad;
b) cuando la Iglesia Católica ingrese en el Consejo Mundial de las Iglesias;
c) cuando se llegue a admitir por los católicos que la Iglesia son las sectas evangélicas en su conjunto, cada con su parte de verdad y sin posesión por ninguna de la verdad plena;
d) cuando simplemente se acepte un Primado de Honor del Papa;
e) cuando exista una doctrina común sobre la Eucaristía;
f) cuando deje de considerarse por alguna de las sectas que el verdadero día de reposo es el sábado, y que la observancia del domingo es la señal de la Bestia de que habla el Apocalipsis;
g) uando ninguna secta, incluido el Ejército de Salvación, rechace el Bautismo, y sin obstinarse en que necesariamente ha de ser por inmersión;
h) cuando sea aceptado que la justificación no es solamente la fe, o sea, la simple confianza en los méritos de Cristo;
i) uando exista diferenciación por todos, entre el sacerdocio común de los fieles y el de los sacerdotes consagrados por imposición de las manos;
j) cuando haya coincidencia sobre la no ordenación de señoras;
k) cuando por todos se proclame la Virginidad de María, antes, en y después del parto;
l) cuando haya coincidencia sobre el culto de los Santos, veneración de reliquias y de imágenes;
m) cuando el Papado no sea considerado por ninguno de los separados como un signo del Anticristo;
n) cuando a las fuentes que conocemos de la Revelación no haya que añadir, por ejemplo, el «Libro de Mormón» de José Smith, o los escritos proféticos de la señora Elena G. de White, o también las inspiraciones de alguno de los «profetas» que tenemos por acá.

Muchos puntos más de divergencia podrçian citarse. Naturalmente que hay muchos católicos, incluidos sacerdotes, que ya personalmente han solucionado estos problemas, sin que se les desautorice; más distanciados que muchos de los oficialmente «separados», sin saber lo que creen de la Eucaristía, sin hacer caso al Papa, sin fe en la Iglesia a la que pertenecen, sin aceptar la existencia del infierno, etc., se resisten a desprenderse del nombre de católicos para poder seguir esparciendo sus errores dentro del catolicismo. Con ellos, la unidad de las iglesias no está cerca, sino que ha llegado: unidad en la confusión. Frente a estas posturas, la que el Papa recomienda a los católicos ante la difícil tarea ecuménica estimulada por el Concilio Vaticano II: «Una respuesta genérica y válida para todos. Ser católicos auténticos, convencidos, profundos, buenos.»

Y la verdadera unidad, no la ficticia, llegará cuando Dios quiera.

 
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