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¿Qué pasa? Semanario independiente

año 8, número 416 · Madrid, 18 diciembre 1971 · 20 páginas

 

Ideas y hechos concretos

Por el Padre Sebastián Mozos

Un bisoño universitario de hoy querrá sostener que lo práctico y tangible es lo único que vale la pena considerar y acariciar. Dicen algunos: «Queremos una justa distribución de la riqueza, mayor libertad de expresión, la consecución de los bienes materiales, hechos que se palpen y no verdades abstractas y absolutas.» Esto es sonido de palabras. Para lograrlo se necesita el clima que lo favorezca. Las ideas son imprescindibles para el bien y para el mal. La idea o el espíritu rigen la vida del hombre. Todo agente actúa por un fin. El hombre es hijo de sus ideas o convicciones, buenas o malas. La Biblia nos lo dice: La letra mata; el Espíritu, vivifica. Y Jesucristo declaró: «Del corazón salen los malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios, blasfemias.» (Mt. 15, 19.) Del humano magín salen las ideas y la voluntad de realizarlas. Sin ideas no hay acción, progreso y dedicación que valga la pena. El mal moderno está en prescindir de las ideas y la verdad que las envuelve. Así se ha caído en un materialismo suicida y esclavizador. Las ideas nacen del alma y nos proporcionan las motivaciones de la vida. Por las ideas se conoce la verdad, y la verdad es la que hace libres a los hombres, según el Evangelio. El hombre tiene que vibrar por las ideas para no embrutecerse. El mundo no puede sustraerse a las ideas. Si hoy se vive en mayor confusión es porque las ideas se revolucionan mucho sin distinguirlas lo debidamente. Las ideas que reinan son las malas ideas de revolución, de lucha de clases, de competencias comerciales, de dinero, de placer, de avaricia, de absorción y de dominio sin límites. Al ser obtruidas las ideas evangélicas de moderación, de represión, sobrenaturalización, mortificación, igualdad, justicia, renunciación, se desatan las malas y ideas y ponen la sociedad en trance de agitación, desafio, lucha, forcejeo, predominio y explotación, fruto de las ideas disolventes. ¿Qué ideas van a reinar, juventud que buscas equivocadamente la felicidad? ¿Quién te lo dirá? Las ideas son buenas, malas e indiferentes. La indoctrinación sobre las ideas está en marcha en toda nación y en toda organización. El comunismo, la democracia, las religiones, las escuelas filosóficas y el jipismo, tienen su matraca, alegando cada cual el monopolio de la verdad y de la infalibilidad en las tácticas. El más fuerte en los medios y la propaganda trata de lavar los cerebros más intensamente. La verdad e infalibilidad no necesariamente están con el más fuerte o más numeroso. Para el Cristianismo no habrá ideas más supremás y sistema más seguro que las ideas de Jesucristo y el sistema de las Bienaventuranzas que alcanzan las promesas de la paz para los cuerpos y las almas. El escudriño de las ideas no es cosa banal. Hay que oponerse a las ideas engañosas, aunque vengan disfrazadas de mucha igualdad, fraternidad y libertad. A veces, para oponerse a las ideas falsas hay que enfatizar las ideas buenas, o hacer ver las realidades desastrosas que tan amargos frutos produjeron en el pasado, como sucedió durante la bárbara República II hispana. Es necesario señalar el peligro de las malas ideas. Es un fenómeno malo e injusto el que las ideas y los sistemas extranjeros de los Estados poderosos se propaguen, a contra pelo, por meros motivos de dinero y política traicionera. que los pueblos poderosos propaguen sus ideas dentro de su propia casa. Ya no debe haber pueblos satélites. Un pueblo que no defiende sus ideas es un pueblo esclavo. El bombardeo de las ideas pesa sobre los pueblos. a los pueblos les toca saber inmunizar contra el mal de la propaganda y de las quintas columnas. Sólo así podrán los pueblos conservar sus esencias, su personalidad, su política peculiar, su religión y el destino asignado por la divina Providencia. ¡Cuándo aprenderá todo esto la juventud hispana!

 
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