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¿Qué pasa? Semanario independiente

año 8, número 412 · Madrid, 20 noviembre 1971 · 20 páginas

 

El Padre Aurrepe y el "Ché" Guevara

Por Antonio Rius Facius

De los periódicos de la gran ciudad de Méjico D. F. «El Universal» y «Espejo» reproducimos este artículo que ofrecemos, sinceramente afligidos, a nuestros amados padres de la Compañía, que permanecen a la intemperie, sin «agruparse»

El «Ché» Guevara no necesita presentación. Era marxistaleninista activo. Acompañó a Castro en sus sangrientas correrías para llevar a Cuba al socialismo. No se distinguió como piadoso e indulgente; sus instintos sanguinarios florecieron a lo largo de sus actividades terroristas. Era hombre destructivo. Cuando su cómplice se hizo dueño del poder y comenzó a ejercitarlo con crueldad inaudita, buscó nuevas tierras donde sembrar el terror y la discordia, y se marchó a Bolivia. Allí terminó el camino de su locura, enfermo, abandonado por los suyos, subrayando con su muerte la ineptitud de su vida.

Este hombre inadaptado, rencoroso, impulsivo, se transformó en bandera de los jóvenes comunistas. Su imagen fue paseada en triunfo durante los m´s negros días de la conspiración marxista en Méjico. su nombre, convertido en mito, es glorificado por quienes quisierean someter al mundo entero al dominio soviético.

El pensamiento del «Ché», su doctrina socialista, su actuación violenta, su vida privada fracasada y deshonesta chocan contra el bien, la belleza, la verdad. La Iglesia Católica, que condena el pecado y perdona el pecador, no justifica el mal, la mentira y el error y, por consiguiente, nunca se ha hecho solidaria del hombre malvado, por encumbrado que esté.

La historia de la Iglesia y de la Humanidad está llena de ejemplos magníficos de hombres y mujeres que se han ocupado de sus semejantes, que han realizado actos heroicos de virtud, que se han sacrificado, con limpieza de intención, por el prójimo.

En la época actual no faltan estos edificantes ejemplos de personas a quienes puede citárseles sin escándalo, aun cuando no se les pueda considerar candidatas a los altares.

Resulta, por lo tanto, no solo extraña sino sospechosa la cita de una frase del «Ché» y relacionarla directamente con las palabras pronunciadas por N.S. Jesucritos:

El «ché» guevara se preguntaba angustiosamente cuando encontraba un niño con el vientre hinchado y llorando de hambre: «¿Por qué tienen que suceder estas cosas?» Esta pregunta, este grito no es más que un eco apagado de aquel terrible grito que rasgço el aire del Calvario: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»

He aquí la imagen del «Ché» vista por un jesuita: un hombre compadecido, caritativo, justiciero, cuyas palabras son «un eco apagado» de las que Jesús pronunció en el Calvario.

¡Lindo ejemplo humano nos propone el P. Pedro Arrupe, Prepósito General de la Compañía de Jesús!

Para hablar de las miserias y las injusticias humanas sobran dignísimos ejemplares humanos que no lleva sobre sí el lastre del crímen, de la violencia, del engaño, del error del odio. ¿Por qué, para explicar el «cambio de estructuras» internas que ha impuesto a la Copañía de Jesús, cita, como digno de recordación, a un enemigo de la Iglesia? ¿O es que el comunismo y quienes lo practica son la nueva teología y los nuevos teólogos?

Es largo el escrito que el P. arrupe publicó en «L'Osservatores Romano», edición en español, del 21 de marzo, para explicar la transformación educativa que lleva a cabo su orden religiosa. Es largo y revelador del espíritu «progresista» que caracteriza al general. Observa la misma postura de quienes niegan a la «Iglesia de ayer» la posesión de la verdad: «Nos hace falta valentía para reconocer y admitir públicamente, cuando sirve para los intereses de Cristo, que nos hemos equivocado en el uso de nuestras fuerzas, y que hoy lo mismo que ayer somos imperfectas y deficientes. Hace falta valor para aprender nuevos estilos de gobierno dentro de nuestras familias religiosas...» Hace falta valor y perspicacia —me permito añadir por mi cuenta—, decisión para romper con un pasado glorioso al servicio de Cristo y su Iglesia y anticiparse a los cambios que se avecinan —según calculan— para tomar cómodas posiciones en la vanguardia marxista.

Si así anda el general, ¿cómo andará su ejército?

 
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