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¿Qué pasa? Semanario independiente

año 7, número 356 · Madrid, 24 octubre 1970 · 20 páginas

 

El pantalón en la mujer

Por Andrés Blanco Herrero

Decía el Papa Pío XII a las mujeres, refiriéndose al vestido inmodesto (no al deshonesto e inmoral y provocativo de hoy): «Si algunas cristianas sospechasen de las caídas y las tentacionesque causan en otros..., con los vestidos..., se asustarían de su responsabilidad.» Remedándole, podemos decir hoy: «Si las pantaloneras sospechasen siquiera que con su atuendo están anunciando la llegada de la tercera guerra mundial (y la última), el gran castigo o purificación de la humanidad, en el cual, sin ningún género de duda, perecerán ellas junto con sus padres, sus esposos, sus hijos, sus hermanos, sus novios..., se horrorizarían y dejarían esa prenda, siquiera porque se alejase la fecha y el día de ese castigo. Pero no, No sospechan nada ni quieren saber nada de otra cosa que de vanidad y diversión, de modas y de modernismo y de «andar al día». Hasta los padres, esposos, hijos, hermanos,y novios, que antes no lo veían bien, o lo veían mal y se oponían, y las reprendían..., ahora ya lo ven bien del todo, normal, y más normal y más «honesto» que la minifalda, más libre. Además hay que ser modernos, hay que ser elegantes, no hay que ser anticuados, los tiempos han cambiado y exigen eso, todas los llevan...

Por eso el uso del pantalón en la mujer seguirá en aumento. Entonces, ¿por qué escribo estas líneas? Primero por lo que en mi conciencia/creo un deber. Segundo, para avisar y poner en guardia, anunciar el peligro y la tormenta que (que será huracán). Tercero, por si me lee alguna persona sensata y la sirve de provecho. Cuarto, para que, cuando llegue ese día, recuerden (si ha lugar a recuerdos) que alguien avisó, pero que su predicación «fue en desierto».

¿Por qué el pantalón en la mujer presagia la guerra próxima? Leamos el Evangelio de San Mateo en el capítulo 24: «Cuando viereis la abominación de la desolación predicha por el profeta Daniel en el lugar santo» (15)... «Habrá entonces una gran tribulación cual no la hubo desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá» (21)... «Se levantarán falsos mesías y falsos (cristos) profetas, y obrarán grandes señales y prodigios para inducir a error, si posible fuera, aun a los mismos elegidos. Mirad que os lo digo de antemano» (2-1)... «Luego, en seguida, después de la tribulación do aquellos días, se oscurecerá el sol, y la luna no dará su luz y las estrellas caerán del cielo y las columnas del cielo se conmoverán (29). Entonces aparecerá el estandarte del Hijo del hombre en el cielo y se lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo'con poder y majestad grande (30). Y enviará sus ángeles con poderosa trompeta y reunirán de los cuatro vientos a los elegidos, desde un extremo del cielo hasta el otro» (31).

Esto no se refiere solamente a la ruina y destrucción de Jerusalén por Vespasiano y Tito, sino a todo el mundo. En el verso 30 dice que «se lamentarán todas las tribus de la tierra» y no «todas las tribus de Palestina». Y en el 31 se dice: «Reunirán a los elegidos de los cuatro vientos o puntos cardinales de la tierra»; por lo tanto, elegidos de toda la tierra y no sólo judíos. El 29 no se realizó entonces.

Por «abominación de la desolación en el lugar santo» se ha considerado siempre la estatua ecuestre del emperador Adriano, que fue colocada en el templo después del castigo del año 70. También se ha considerado la mezquita no hace mucho incendiada y la de Omar.

Pero fijémonos que esta «abominación» ha sido, se ha instalado, después del castigo. Y, sin embargo, San Mateo, en el capítulo y versos citados más arriba, nos habla de la «abominación que precederá al castigo». «Cuando viereis la abominación de la desolación en el lugar santo... entonces habrá tribulación.» No dice que «cuando viereis la tribulación vendrá la abominación», sino: primero, la abominación y la desolación, y después, el castigo, la tribulación. Por tanto, no hay que pensar en la ruina de Jerusalén y en la dispersión del pueblo judío en los siglos primero y segundo de nuestra Era, sino en otro castigo. Ni en aquella tribulación, porque mayores tribulaciones que entonces las ha habido en el transcurso de los siglos hasta hoy: la irrupción de los «bárbaros del Norte, como Atila y Genserico; la de los sarracenos, las napoleónicas, la primera y segunda guerra llamadas mundiales, la de El Congo-Katanga, la de Nigeria-Biafra, la de Indochina, la actual de Israel-Egipto... Y se ve claramente que la próxima, a juzgar por el poder destructor verdaderamente infernal de los aparatos e ingenios bélicos que hay acumulados, superará a todas y será, sin ningún género de duda, la última: «Cual no la ha habido desde el principio del mundo ni la habrá» (Mt., 24, 21).

Hay que buscar, pues, una «abominación de la desolación en el lugar santo» distinta de la estatua ecuestre del emperador Adriano. ¿Y cuál será? Sin ningún género de duda será la mujer inmodesta, inmoral, impúdica que con sus desnudeces en busto y extremidades, con sus transparentes y la ausencia de velo en ¡a cabeza, contra lo ordenado por el Apóstol San Pablo en 1 Cor., 11 2-17, y sancionado por la Iglesia en el canon 1.262, y de manera especial el «pantalón de la mujer» o «la mujer en pantalón» se ha instalado en el lugar santo, en el templo. ¿Y esto es abominación? Abramos el libro del Deuteronomio en el capítulo 12, 5 y leeremos lo siguiente: «NO LLEVARA LA MUJER VESTIDOS DE HOMBRE, NI EL HOMBRE VESTIDOS DE MUJER, PORQUE EL QUE TAL COSA HACE ES ABOMINACION ANTE DIOS» No llevará la mujer vestidos de hombre: la chaqueta, el pantalón, las botas, altas, etc., bien claro está que son prendas de hombre. Y no digamos el atuendo de algunos jóvenes y no jóvenes masculinos, que en nada se distinguen de las mujeres externamente, de tal manera que, viéndoles por delante o por detrás o por donde se les mire, queda uno sin saber si son del género masculino, del femenino o del neutro. Esta «abominación» está instalada ya en los templos, en las iglesias.

 
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