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¿Qué pasa? Semanario independiente

año 5, número 221 · Madrid, 23 marzo 1968 · 24 páginas

 

Pro rusos y pro chinos

Por P. Echaniz

Últimamente la prensa ha dado detalles de la desarticulación por la policía de una banda de agitadores comunistas pro chinos; es la última, pero no la primera de la que tenemos noticia. Así se confirma la llegada a nuestro subsuelo político del gran cisma que divide al comunismo. Un amigo suspicaz, pero prestigiado por una larga serie de suspicacias que luego han ido resultando verdades como puños, me hacía notar que algunos titulares que daban esa noticia parecían confeccionados como con prisa en aclarar que los comunistas detenidos eran precisamente pro chinos; como si esta circunstancia se tuviera que destacar con vehemencia para tranquilizar a ios comunistas no pro chinos y adelantarles alguna especie de explicación.

A pesar de su férrea disciplina, el comunismo no ha sido nunca monolítico. Pero más interesante que la historia de sus cismas, herejías y disensiones (trotskismo, titismo, maoísmo, etc.), es la historia de sus actitudes de esperanza, desconfianza o intriga que han suscitado en sus enemigos, entre los que aún nos contamos, gracias a Dios. Atizar sus fricciones internas es mantener la guerra en el corazón de la ciudadela enemiga. La actitud contraria, de esperar ociosamente que por sí solas nos liberen gratuitamente del peligro, o seguir combatiendo solamente al peor de los bandos, creyendo que el menos malo es inocuo, equivale a despreciar temerariamente la norma clásica en el arte de la guerra de precaverse de la hipótesis más peligrosa. Que en nuestro caso sería la compatibilidad —nada inverosímil— de las discusiones de los comunistas en sus cuestiones internas con una perfecta concordia en sus guerras extener contra nosotros. Sería también, consecuentemente, conjeturar que nos iba a pasar nada si abandonáramos el frente ruso por atender al chino. Un paso más, peligrosísimo, sería creer que los rusos son bondadosos amigos nuestros.

Al leer cada tres o cuatro meses que se ha desarticulado una organización comunista pro china, lo primero que ocurre pensar es qué estarán haciendo los comunistas pro rusos, de los que hace ya mucho tiempo que no se habla. Claro está que nosotros —sin información oficial— sólo podemos hacer ante esta interrogante simples conjeturas.

La primera y menos discutible es que algo estarán haciendp; que no estarán quieto, porque es incompatible con su doctrina y con sus hábitos de muchos años. Tres ocupaciones puede tener: agitación, propaganda o infiltración.

La circunstancia de que se haya dicho que los últimos «aparatos» desmantelados son pro chinos no excluye que los pro rusos trabajen en la agitación; han podido hacerlo con mejores técnicas que les han hecho más difíciles de cazar, o tal vez, en una lógica e inevitable selección de objetivos, se ha considerado más urgente y más interesante volcarse en la guerra contra los pro chinos; también es posible que los pro rusos se llamen así mismos pro chinos en ciertas actuaciones, de manera que las mismas personas, para dificultar su identificación funcionen con las dos etiquetas, según las actividades y las circunstancias. Además, se puede conjeturar que ambas fracciones están de acuerdo en sus proyectos españoles y la organización de Moscú preste ocasionalmente a la de Pekín los servicios de sus agentes en España. Pero de todas maneras, tan prolongado silencio en torno a las organizaciones comunistas pro rusas, en llamativo contraste con la relativa frecuencia de la caza de pro chinos, inclina a suponer que las primeras no se dedican a la agitación.

Más verosímil es que se dediquen a la propaganda. No hace falta ser un águila para ver huellas del avance marxista en todos nuestros ambientes; constantemente se denuncian en esta revista; las que no se denuncian por ser verbales o difíciles de poder probar en una eventual querella, las centuplican. Sin ir más lejos, vean estas palabras de Gonzalo Fernández de la Mora en «ABC» del jueves 29 de febrero, a propósito de un nuevo libro de Aranguren: «Poco a poco, su «weltanschauung» liberal de penúltima hora se ha ido socializando: su libro «Etica y Política» (1963) marcó un deslizamiento hacia la temática marxista, que altara se acentúa nítidamente.» En el mismo número de «ABC», páginas adelante, viene una reseña de un acto en el Ateneo, «Juicio Crítico de las Ultimas Banderas», en la que se lee: «Lera contestó a ambos diciendo que su pretensión al escribir su novela era doble. Por un lado, aportar la voz de los vencidos para el mejor entendimiento o completo entendimiento de la guerra española, y por otro desmitificar la guerra...»

Uno de los rasgos más importantes de la guerra revolucionaria es este desplazamiento del centro de gravedad de ia batalla desde la agitación callejera clásica, en la que la policía es experta y eficaz, a la propaganda ideológica dentro de la legalidad, que cae fuera de su pericia y de su jurisdicción. Autores de todos los países han señalado qué la guerra revolucionaria ha podido hacer en ellos sus primeras etapas brillante y rápidamente por asentarlas fuera del alcance del aparato legal y policíaco vigentes. El problema está, pues, en perfeccionar la censura de libros y prensa, o en buscar otro método defensivo eficaz frente a esta nueva táctica.

Lo mismo que tras la boca de fuego de un cañón hay una larga cola de personas que le sirven, desde los soldados artilleros hasta las mecanógrafas de los despachos de la retaguardia, hay detrás de cada línea de subversión marxista que llega al público una legión de complicidades. Constituyen éstas otro sector de marcha, la infiltración. La infiltración es la silenciosa toma de posiciones para apoyar acciones futuras. Es otra de las posibles actividades de esos comunistas pro rusos, tan largo tiempo ausentes de nuestra prensa. Su tenacidad, su entusiasmo y, sobre todo, su filosofía cambiante, según las circunstancias, les hacen aptos para ese trabajo, mucho más difícil de desenmascarar que los anteriores. La posibilidad de la infiltración enemiga hace especialmente peligrosas las concesiones, retiradas y aperturas, porque su cálculo, aunque tenga en cuenta al enemigo visible, no puede evaiuar el invisible, el infiltrado, que inesperadamente puede irrumpir en la brecha y desgarrar sus pivotes.

Una inmediata colaboración anticomunista elemental y asequible a cualquiera, es airear estas cuestiones para evitar que por nuestro silencio, la fracción pro china consiga hacer creer en la bondad de la pro rusa, y que se descanse en su persecución

 
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