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¿Qué pasa? Semanario independiente

año 5, número 216 · Madrid, 17 febrero 1968 · 24 páginas

 

Gibraltar, los sionistas y la Liberación Española

Por Joaquín Palacios Albiñana

Recientemente, y con ocasión del asunto de la descolonización del territorio español de Gibraltar tratado en la O.N.U., el delegado sionista arremetió contra España —rememorando los tiempos de Disraeli y de Gladstone, marcados a sangre y fuego por la pauta del imperialismo britano-sionista— con la clara intención, sin duda, de restar adhesiones a la causa de los únicos intereses legítimos, los de España, aludiendo a determinados hechos consecuentes a una reacción ideológica, cuyo recuerdo, aunque a muchos les pese, nos honra ahora y nos seguirá honrando. A la vez hacía propaganda sionista. «Se le vio la antena», como vulgarmente suele decirse. Tanto más cuanto que también dedicó unas frases venenosas a la actitud amistosa hacia los árabes del Gobierno de Madrid en el conflicto de Palestina. Y es que los sionistas están despechados, muy dolidos, en razón a que se han gastado en vano unos pocos de los dólares que les llegan de Washington generosamente, en fomentar el desarrollo de un estado de opinión favorable al establecimiento de relaciones normales de España con el titulado «Estado» de Israel. Al señor Abba Eban no hubo de hacerle ni pizca de gracia que ciertas melifluidades suyas sobre lo que él define como «conveniencia» de establecer dichas relaciones no encontrasen eco favorable en la medida que ciertas columnas impresas pretendían despertar en los medios influyentes españoles. Luego vino la agresión sionista de junio y, a pesar de la actitud de no pocos «tirios y troyanos» de los que promueven la sustitución de «amistades tradicionales» por un oportunista sistema de «nuevos signos» —aun a costa de olvidar agravios que, como vemos, vuelven a producirse—, la política española no cambió al respecto, sino que fue consecuente a la sustancia de una memoria histórica que se mantiene por la fuerza misma de la verdad, de la razón y del sentimiento. El señor Abba Eban se rasgó las vestiduras. El sionismo intentó abrir una brecha en el frente de los numerosos países —amigos o no— puestos en el caso de Gibraltar al lado de la razón española, de la razón a secas. Pero el sionismo no recordó allí, ni quiere recordar —y en esto le siguen ciertos de esos «tirios y troyanos» de los «nuevos signos», fomentadores de «amistades» sincretistas con las que ni el cristianismo ni España pueden obtener nada bueno— en sitio alguno, en tanto en cuanto no se produzcan circunstancias que aconsejasen memorizarla, la participación que tuvieron varias decenas de miles de hebreos en las tristemente célebres «brigadas internacionales» que lucharon a favor de la causa bolchevique en España.

Israel les ha sacado muchísimos millones de marcos a los contribuyentes de la República Federal Alemana como «indemnización por daños a las personas y bienes de pretendidos súbditos nacionales suyos, a pesar de que Israel no existía como «Estado» en tiempos del III Reich. ¿Qué le parecería ahora al sionismo si España, sirviéndose de esa teoría paradójica que él ha usado para mermar el tesoro alemán y armarse para despojar a los árabes, reclamase a Tel-Aviv sustanciosas reparaciones por los desmanes, atropellos y crímenes comunes perpetrados por los judíos de las brigadas?... No sería, ciertamente, difícil presentar pruebas acerca de que el numeroso grupo de hebreos integrado en las brigadas representaba en cierta forma una avanzada de los medios «oficiales» del judaismo político internacional y de que el mismo cometió actos, como el resto de sus compañeros de viaje, al margen de lo que es en sí una actividad combatiente regular. Habiéndose erigido Israel en administrador de presuntas víctimas retroactivamente, en igual línea no serían ciertamente los sionistas los más indicados para calificar de absurda la consideración, al menos en principio, de una demanda española de reparaciones. No tiene España relaciones diplomáticas con Israel, es verdad; pero tampoco las tenía Bonn cuando ya dio principio al «chorro» de millones y millones que llenaron las arcas sionistas. Los mismos titulados «voluntarios» hebreos en las brigadas se envanecían en presentarse como un grupo homogéneo no sólo étnica, sino ideológica y políticamente. ¿Que ostentaban variadas nacionalidades? También este extremo ha concurrido respecto de los judíos incursos en las represiones ejercidas por los gobernantes del III Reich, cuya inmensa mayoría eran ciudadanos de la propia Alemania o de países ocupados por ésta. Los componentes hebreos de las, repetimos, brigadas de triste memoria, gozaron del beneplácito de los medios dirigentes del sionismo mundial; el propio Bernard Baruch—destacado financiero judío, consejero de varios Presidentes norteamericanos—promovió económicamente la «repatriación» de un número de judíos de dichas brigadas La escritora hebrea Gina Medem publicó un libro, Los judíos, luchadores de la libertad, dedicado a la participación en la guerra de España de comunistas judíos dentro de las brigadas internacionales. «Su texto, así como el prólogo del general comunista Luigi Gallo es un testimonio más de la extraordinaria importancia y especial significado que el judaismo internacional atribuyó a la guerra española» («Las brigadas internacionales, según testimonio de sus artífices», publicación del comité de Información y Actuación social», Barcelona).

Refiriéndonos a este asunto decíamos, entre otras cosas, hace varios años, en la revista «EN PIE», núm. 219-220, de Madrid: «En 1937, el escritor revolucionario judío León Azerrat Cohén declaraba en el periódico «Catalans» que debía haber unos seis mil judíos en las dichas brigadas; pero un año después, el periódico «The American Hebrew» del 6-6-38, decía: «Un judio eslovaco que sirvió un año entero en la brigada internacional en España, explica que, aproximadamente, 7.000 judíos de varios países, incluyendo Polonia, Rumanía, Francia, Palestina, Checoslovaquia, Hungría, Bélgica, Inglaterra y Estados Unidos perdieron sus vidas, y que aproximadamente 15000 han quedado mutilados para toda su vida... En general, el sentimiento que ahora domina entre los judíos voluntarios es que los 35.000 que entraron en la brigada internacional se sacrificaron en vano para salvar a España de las fuerzas fascistas.» Esta avanzada del judaismo en las filas rojas publicaba un periódico de frente, escrito en «yiddish», al que titulaban «Combatiente de la libertad»... «Recordemos—escribíamos más adelante—que la primera intervención de los delegados de Israel en la O. N. U. fue para votar contra España... En 13 y 14 de abril de 1962, comunistas, seudodemócratas y compañeros de viaje de 25 países se reunieron en Roma dentro del marco de la titulada «Conferencia Internacional para la libertad del pueblo español. El judío Álvarez del Vayo otorgó su beneplácito personal, señalando que debía «forzarse a los Gobiernos occidentales para movilizar la opinión pública» contra el régimen español, al que se debería negar toda clase de apoyo material y moral. Junto a Bertrand Russell, el pacifista, formaron los judíos Ilya Ehremburg y Cario Devi. Claras indicaciones a favor de una nueva guerra civil en España fueron hechas en la conferencia».

Esas y otras cosas decíamos entonces, motivadas por la lectura de un artículo publicado en septiembre de 1959 por el periódico judío de Rio de Janeiro «Al Hamishmar», el cual poma de relieve, una vez más. el apoyo hebreo internacional a la acción subversiva contra España. Dicho texto, firmado por H. Naftali, rebosaba odio todo él contra la paz del pueblo español; «rencor morboso—escribíamos en «En Pie»—por la derrota de 1939, satisfacción por el intento (aunque fracasado rotundamente) de sembrar la discordia entre los trabajadores españoles para embarcarlos en sucias empresas, y dando a ese intento el carácter de una rebeldía plenamente justificada de los elementos de izquierdas y también grupos católicos liberales, que resolvieron, a pesar de todo, llevar a cabo su decisión, escribe el susodicho Naftali, quien no regatea prodigar toda clase de elogios para los valientes «rebeldes», y reconoce que la radioemisora Voz de la España Libre transmitió ardientes mensajes de lucha y preparó el ambiente». Creemos que no es anacrónico traer ahora a colación este texto de Naftali, el cual no ha resultado acertado, afortunadamente, en sus pronósticos, ya que auguraba un cercano éxito para esas maniobras subversivas y finalizaba preguntándose: «¿Será que la verdadera democracia del mundo todo encontrará un camino para ayudar prácticamente a un pueblo tan sediento de libertad, que ya llegó a desempeñar el papel de vanguardia en la lucha antifascista?» Sin duda la libertad deseada por el periodista judio para España era la misma que vinieron a defender las brigadas internacionales. Por último, nos parece oportuno transcribir los siguientes párrafos con que poníamos fin a nuestro articulo de «En Pie»:

«Algo muy importante no debemos nunca olvidar los españoles y tenerlo siempre en cuenta. Antes de la llegada de aquellos monstruos, que convirtieron las iglesias en burdeles y asesinaban con vil placer, habían ciertamente arribado a España una serie de comerciantes, literatos y eruditos de igual identidad. Detrás suyo vinieron los otros. No hicieron sino preparar el camino. No lo olvidemos Para arreglar nuestros asuntos no nos hace falta en ningún sentido la ingerencia internacional, y menos aún cuando en ella impera el judeocomunismo o el judeocapitalismo. Ciertas visitas y ciertos intercambios podrían ser fatales, más o menos, a la larga. ¡Ah! Y al corresponsal H. Naftali le recordamos que su celo democrático debería utilizarlo en la defensa de otras causas verdaderamente justas por ejemplo, la de los árabes expulsados de Palestina por Israel’ despojados de sus casas y tierras por el sionismo, o la de la minoría árabe en el propio territorio usurpado por Israel, sujeta a una tiránica discriminación en todos los órdenes.»

Algunos nombres de destacados jefes judíos en las filas rojas: Lazar Fakete (alias «general Kleber»), Matei Zalka (general Lukasz) Karol Swierczewsi (general Walter), Hans Beimler, Wolf, Brunner, Dumont, George Montague Nathan, Rosenstein, Golstein, Awruni Sokolnik, Joe Loew, etc. Además, el embajador soviético Rosemberg el escritor Ilya Ehremburg, el verdugo de Hungría Bela Kum. Nada más, de momento.

 
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