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Universitat, Òrgan del comité universitari del PSUC

año 13, número 5 · 20 enero 1971 · 4 páginas

Órgano del Comité del Partido Socialista Unificado de Cataluña en la Universidad

 

Después de Burgos, ¿qué?

El consejo de guerra, la conmutación de las penas de muerte, no cierran un periodo de la lucha. Burgos es el punto de partida de la crisis más importante de la historia del franquismo.

Este 1971 ha empezado sin haberse terminado 1970. En efecto, la conmutación de las penas, pese a la burda demagogia en torno de “Franco, el magnánimo”, es una extraordinaria victoria del pueblo, la más importante desde que existe la dictadura. Y la más transcendente derrota del régimen.

Después de estas tensas semanas, las cosas no son iguales. Es preciso comprender que gran parte de la fuerza de un régimen dictatorial viene dada por la convicción de los sectores más retrasados de las masas populares de que la situación es inamovible, de que “eso no hay quien lo cambie”. El mismo régimen acaba creyéndoselo. Las primeras victorias importantes echan por tierra esta mitología, descubren la carcoma del sistema y estimulan la lucha del pueblo.

Las consecuencias en el seno del mismo régimen se han desencadenado sin tregua alguna. Lucha por el poder por parte de las diversas facciones franquistas. La cosa no es en absoluto simple pues las contradicciones se sitúan a diversos planos: 1) Lucha de camarillas entre sí: Opus, burocracia falangista, Editorial Catolica (Ya), derecha monárquica (ABC), derecha tradicionalista (Oriol y camarilla), etc. 2) Choque entre ultras (genéricamente) y evolucionistas (genéricamente), con una rica gama intermedia. La situación es compleja pues los ultras, o los evolucionistas, no se encasillan exactamente dentro de ninguna de las camarillas citadas. Por otra parte, detrás de cada facción se encuentran distintos grupos monopolistas.

Todo ello ha acabado de desgastar al ya maltrecho gobierno Opus-Matesa, cuando no tiene ni quince meses de mala vida. La crisis de gobierno parece inminente. Las consignas anti-Opus de las manifestaciones “patrióticas”; el abandono de la sala de las Cortes, mientras hablaba Carrero, de un grupo de procuradores (sobre todo carlistas); las reuniones del Consejo Nacional del Movimiento (con críticas al Opus, y a la vez con peleas internas); las ácidas polémicas en la discusión de la Ley de represión Sindical, y entre periódicos de diversas facciones, la fulminante destitución del Capitán General de Granada por su virulento ataque al Opus; todo ello es clara muestra de un proceso de descomposición avanzado. Es una crisis de Régimen, no solo de gobierno.

Durante estas semanas está aumentando la pesada hipoteca que caerá sobre la dictadura a la muerte de Franco. Si cabe, el poder taumatúrgico del dictador se ha incrementado para sus propias huestes... y Juan Carlos cada vez se eclipsa más (cierto que nunca ha brillado). ¿Pero es sólo Juan Carlos? ¿Que recambio se puede dar el régimen a sí mismo a la muerte de Franco?: Falto de figuras con poder aglutinante; la “sucesión” será una tremenda exacerbación de las disputas entre las camarillas, y, lo que es fundamental, una posibilidad de gran liberación de energías populares.

 
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